Es para dos personas, tiene a su lado asientos con el respaldo alto, las tres piezas están fijas. Es un restobar situado en una zona de categoría de la ciudad.
Por la mañana temprano el mozo cambia el mantel y vuelve a colocar el vidrio sobre el mismo, todo está impecable. Al rato pone un pequeño libro donde figuran los distintos tipos de desayuno y el servicio de cafetería.
Alrededor de las ocho se sientan un hombre mayor bastante delgado y otro menor de buen aspecto. El mayor trae un diario y nervioso se pone a buscar alguna página en especial. Le piden al mozo dos cafés con leche y un tostado.
El que tiene el diario señala.
- Aquí está de nuevo el aviso, por lo visto no lo pudieron alquilar hoy cuando cobremos lo voy a reservar y la mando a la mierda, me tiene podrido.
- ¿Estás tan seguro de dejar a tu mujer?
- Sí, a vos te parece bien que tenga necesidad de venir a tomar el desayuno y gastar guita , todo porque la señora se levanta más tarde , hay muchas noches que tengo la mala suerte de cenar solo porque ella se va a no se que reunión.
- ¿Y con las chicas que vas a hacer?
- Ellas no son mis hijas, me junté hace siete años y ya tienen 20 y 17. Nunca me quise casar para no estar atado. Ahora me agarro todo lo que es mío, me hago la valija y chau.
El mozo les trae el pedido, el mayor empieza a comer con ganas.
- Yo también me quería amontonar pero mi mujer me hinchó con casarse y toda la bola de la iglesia, hace ya diez años y no me quejo. -dice el más joven.
- Eso de no me quejo, significa el no estar del todo feliz.
- Bueno tenemos discusiones como todas las parejas, pero no son motivo para separarnos y además tengo el nene de cinco años.
- Vos sí que estás atado. Cagastes te la vas a tener que aguantar durante mucho tiempo, el divorcio es un despelote y un gastadero de guita impresionante.
- Por el momento ni lo pienso. Vamos que se nos hace tarde.
El más grande ve la hora y llama al mozo para pagar.
- Ahora entiendo lo nervioso que vinistes estos días – dice el más joven.
Se van los dos charlando.
Al rato vienen dos mujeres una de ellas muy delgada y con cara de tristeza, la otra le pregunta:
- ¿Te sentís bien?
- Ahora cuando me traigan algo para beber me voy a tomar un analgésico que me dio el médico.
La más gordita le pide al mozo dos capuchinos con medialunas de manteca.
- Te agradezco que me hallas acompañado hoy, porque no tengo a nadie, vos sabés bien que con mi hermana no puedo contar, enzima que estoy sola me vengo a enfermar de esta manera, te juro que me siento como la mierda, ya no creo en nada, todo es malo para mí
- Dice la flaca tomándola del brazo a la otra.
- Si querés te acompaño a tu departamento.
- Ando sin un mango, me pesa mucho, mejor que esta enfermedad me mate rápido y así no jodo más a nadie – dice la flaca llorando.
El mozo trae lo pedido, la más gordita le acerca el capuchino y le pone azúcar, con suavidad le dice:
- Tomá el café con leche y la pastilla. Yo te entiendo, pero eso no es bueno que lo pienses, a mí no me jodés, quedate tranquila cuando salimos de aquí nos vamos en taxi.
La flaca bebió un buen trago y le dice:
- No tengo ganas de caminar, me siento muy débil. A vos te voy a comentar la verdad, escuché al doctor que me revisó de abajo decirle bajito a otro que de acuerdo a los análisis y el tacto, está desparramado, falta poco para que llegue al hígado. ¡Me voy a morir pronto!
- Mirta calmate, ahora con las nuevas quimioterapias que hay por ahí te lo frenan o lo eliminan, tené fe aunque sea, en el tratamiento.
- Encima que me sacaron los pechos, me voy a quedar pelada, voy a ser un monstruo. Debo conversar seriamente con Nino para que no me de más bola.
- No es aconsejable, necesitás recibir apoyo. Pensá que no es buena ayuda tu hermana, ella todo lo que hace es vivir pidiendo, pero no te devuelve nada.
- Susi te das cuenta de por que estoy tan mal de ánimo, con mi vieja tuve que pelear yo sola y ahora que estoy enferma, me abandona, tampoco me da dinero, si no fuera por amigas como vos que aunque sea un poco, me ayudan.
Mirta agarró una factura y la comenzó a saborear:
- Por fin como algo rico, porque estos días estuve alimentándome con algo de pan, arroz y alguna verdura.
- ¿No comistes ninguna comida con proteínas?
- Acordate que ando sin laburo por lo tanto vivo de regalos.
- Cuando lleguemos, voy con la tarjeta al supermercado cerca de tu casa y te compro carne, lentejas y algo dulce, necesitás comer. No te pongas a ofrecerle a tu hermana que ella se arregle, para eso te abandona.
- No dejate de embromar, que a ustedes no les sobra.
Las dos se quedaron en silencio con la boca llena.
- No se que es peor si la enfermedad o todo lo demás. Estoy perdida, menos mal que no me dieron pastillas para dormir, porque sino me las agarro todas de un saque y me mato –dice Mirta con lágrimas en los ojos.
- Dejate de pensar en boludeses. Miremos las cosas de un modo práctico, ¡hay que recuperarse! Eso es lo más importante. Si lo lográs es posible quepuedas conseguir algún laburo aunque sea haciendo trámites o en alguna agencia de remises.
- A los cincuenta y tres no es tan fácil, pero…
Una nunca sabe como puede cambiar la vida de un momento a otro.
Susana llamó para pagar con la tarjeta.
– Me tengo que volver a encerrar en ese departamento de mierda –dice Mirta.
- Acordate, el reposo es muy importante para no tener dolores.
El mozo le da la tarjeta, el papelito y una birome, las dos mujeres toman sus cosas. La flaca se agarró de su amiga y le dice:
- Cómo me duele cuando hay que levantarse.
Pasado el mediodía llega un hombre de unos cuarenta y pico, llama al mozo con seguridad y le dice. “Traeme un churrasco de cuadril como a mí me gusta, una ensalada mixta y un agua mineral con gas, ahora va a venir mi ex esposa, te distes cuenta que no te pedí la copa de vino.
-Por eso no hay ninguna minita de oficina acompañándote.
-Para mañana preparame una mesa para diez personas, tengo que invitarlos, porque me nombraron gerente de publicidad de la empresa. Quiero que seas vos el mozo.
-¡Te hago preparar un menú fijo, bien surtido y barato!
-Haceme quedar bien. Y a mi ex ni una palabra de esto.
El mozo se fue y vino ella. Se saludaron con un beso que él le dio en la mejilla muy al paso.
–¿Puedo almorzar? –le dice la mujer.
-Eso es lo que estaba por hacer.
El mozo trae un menú para ella, elige una tortilla de verduras y una Coca. El hombre le pide que traiga los platos juntos.
Él la mira serio y saca un papel del bolsillo y una virome, en la otra mano tiene unas llaves que se las da y le dice:
–El departamento es todo tuyo, firmame como que las recibistes. No vayas con ningún hommbre, todavía estás casada.
-¿Dónde estás viviendo? –mientras firma le pregunta.
-tengo una habitación para mí solo en una pensión en la calle Presidente Perón, con el departamento hacé lo que quieras vendelo, alquilalo o usalo. ,
El mozo trae las comidas.
-Eso quiere decir que seguís solo –dice ella.
-Si y aburrido, por eso me gusta tanto el laburo, con los compañeros me llevo bien.
–¡Con las compañeritas también te llevás de maravillas! –le dice su exesposa con una sonrisa.
-No creas, las más amigas ya están casadas y las nuevas no me dan bola.
Entran dos chicas que lo reconocen, lo saludan de un modo formal al verlo acompañado por una dama de su edad. Él se puso colorado.
Su ex mujer lo mira. “–¡Te pasa algo!”
-No esas chicas trabajan en la misma empresa, una de ellas la que tiene el pantalón negro es la secretaria del gerente de publicidad.
-La más culona, entonces es de tu gerencia.
-Si, seguro que va a chusmear que me vió con una mujer, cosa a la que no están acostumbrados.
-Ahora que te separastes te vinistes serio.
-Son las cosas de la vida y los años. Además no nos divorciamos porque yo te engañaba, estuvimos de acuerdo que nuestra pareja no andaba más.
Piden un café y un flan con crema.
-Si en eso tenés razón, lo que me llamaba la atención es que últimamente ya no me querías hacer el amor -dice ella.
-Eso es lo que se había acabado entre nosotros.
-Pero conociéndote, seguro que andabas con otra mina.
-Mejor callate, ya me informaron que te juntastes y yo sigo sin nadie.
-No digas pavadas.
Él llama al mozo y le paga. La saluda con un chau y sale a la calle.
Al quedarse sola con su celular hace una llamada. “Rubencito, ya tengo las llaves, cuando termino con la escuela voy a ver como quedó todo, pero hasta que no esté el divorcio el abogado me recomendó no ir con vos”. Corta y sale.
Se ubica una pareja, ella viste una pollera dejando ver unas lindas piernas, el hombre tiene puesto un ambo con una elegante corbata.
- Pensá que los dos éramos residentes. Deben haber pasado 25 años.
- ¡Qué buenos tiempos eran esos!
Una joven camarera les trae un librito con el servicio de cafetería.
Él sin mirarlo le pide café en jarrito y un reserva San Juan, le dice a su compañera. “Pedí lo que quieras este encuentro se lo merece”.
La mujer le encarga café con crema y un brownie.
- Era lindo para vos que eras un atorrante, vivías detrás de todas las chicas que se te cruzaban –le dice ella.
- Si,eso es verdad, pero vos eras demasiado santa, recuerdo que estabas metida con la religión y no pude conquistarte.
La camarera les trae el pedido, él levantó la copa de cognac y dice:
- Brindo por haberte encontrado Liliana, no sabés lo bien que me hace este encuentro, necesitaba una alegría
- ¿Cómo me reconocistes Daniel?
- Si estás tan linda como siempre, tenés una carita hermosa. Y el cuerpo me da la impresión que mucho no cambió
- Vos estás algo envejecido y canoso, me tendrías que venir a visitar al consultorio, soy dermatóloga, en poco tiempo te dejo con un aspecto juvenil.
- Yo en cambio me dediqué a la cardiología infantil. Hablando de otra cosa, ¿te casastes?
- No, pero el tiempo de ser tan religiosa, ya pasó.¿Y vos?
- Estuve casado 19 años, enviudé hace ocho meses, ahora vengo de ver al abogado que me está haciendo la sucesión.
- Yo en cambio salí del hospital, como tengo la tarde libre estaba haciendo tiempo para no irme a encerrar con mi viejo.
Daniel se rasca la barbilla como haciendo memoria. “Tu papá era médico, si mal no recuerdo”.
- Bueno ahora es un hombre grande ya tiene 84, pero en su tiempo fue un gran clínico.
Daniel toma su celular. “cristina, soy Palermo. Si la chiquita que operé ayer anda bien, hoy no puedo ir. Hasta mañana”.
Él llama a la camarera y le pide otro coñac. Se quedan los dos en silencio mirándose a los ojos. Daniel le toma la mano y se la besa. En ese momento la camarera le trae la copa.
- ¡Qué ganas de besarte! –él le dice.
- ¡No cambiás más!pero a mí me pasa lo mismo - en ese momento suena el celular de ella. “Hola papá, en este momento estoy en una ínter consulta con un colega; voy a llegar más tarde”.
- Los dos tenemos más de cincuenta, no podemos dejar pasar el tiempo. Vamos a un hotel y disfrutemos, con nuestra profesión ya tenemos bastante; por lo menos muchas veces a mí los chiquitos me superan –dice él al terminar su copa.
-Trabajo en el instituto del quemado y sufro con algunos casos.tenés razón vamos a acabar este encuentro –dice ella sonriendo.
Él le paga a la chica, salen abrazados.
Javier Zampieri