Víctor se había ido a vivir solo hacía tres meses a un departamentito de dos ambientes, que lo tenía impecable.
Estaba empleado en el ministerio de Acción Social desde que terminó la escuela secundaria. Salía todos los días a las nueve y regresaba a las dieciocho.
En el trabajo era muy bien visto por los superiores, pero no tanto por sus compañeros. Lo habían ascendido a jefe de sección y era muy exigente con sus empleados, no se le escapaba ningún detalle.
Era un cristiano fanático, a tal punto que tenía pocas experiencias sexuales. Si bien tenía buen humor, resultaba difícil relacionarse con él.
En el edificio donde vivía no hablaba con nadie.
Los sábados por la mañana los dedicaba a hacer mandados y por la tarde ordenaba su lugar. En uno de esos momentos, la vecina le tocó timbre, sorprendido por la sorpresa, la hizo pasar. Ella le dijo:
-Hola soy tu vecina.
-Si, ya te tengo vista, alguna tarde entramos juntos.
-Disculpame, tendrás para prestarme un poco de detergente que tengo que lavar platos y cubiertos, la verdad me olvidé de comprar.
Víctor fue hasta la cocina y se lo trajo, ella agregó:
-Lo que ocurre es que de estas cosas se ocupaba mi mamá, pero ella murió hace unos días, bueno mejor dicho un mes.
-Lo siento mucho, me parece haberla visto cuando yo recién me mudé.
-Me quedé sola y me siento perdida.
-Entonces somos dos almas solitarias.
Ella asintió con la cabeza y se le cayeron dos lágrimas. Él al verla así le dijo:
-Nos podemos hacer compañía en los momentos libres.
-Posiblemente sí. En un rato te devuelvo la botellita.
Víctor se quedó pensando en ella, después de dudar se decidió y fue al departamento de al lado, tocó timbre, la mujer lo hizo pasar.
A la vecina del último departamento del piso, quien era bastante chusma le llamó la atención esa situación.
Víctor vio que el lugar estaba desordenado, ella le dijo:
-Que te parece si nos presentamos, me llamo Diana, vivo sola , todavía no me acostumbro a hacer las compras y mantener esto en condiciones, durante la semana no tengo tiempo, trabajo bastante.
Yo me llamo Víctor, me gusta la tranquilidad, a lo de mis viejos fueron a vivir mi hermana con sus dos hijos, la casa se transformó en un despelote , no lo aguanté, es por eso que estoy aquí.
-Yo soy soltera o mejor dicho solterona.
-No me parecés tan grande para definirte así.
-Te voy a decir la verdad cumplí hace dos días los cuarenta y todavía sigo sola.
-Andamos cerca porque tengo 38 y soy soltero.
-Esta casualidad hay que festejarla.
-Si no tenés otro compromiso esta noche te invito a cenar, porque se cocinar muy bien, te puedo hacer un pollo riquísimo, cosa que no hago hace bastante tiempo porque para mí solo es demasiado.
-Que suerte, porque yo no se nada de eso.
-Entonces voy a hacer unas compras y esta noche a las nueve te espero.
-Me va a hacer bien no estar sola.
Pasadas las nueve ella fue hasta la puerta de Víctor, muy bien arreglada. Justo pasó la vecina del fondo y la saludó con una sonrisa, pensó Diana. “Mañana todo el edificio está enterado”.
Diana regresó a su departamento feliz de haber conocido a Víctor, un tipo fuera de lo común, muy educado, limpio y dulce. Él se quedó enamorado de ella, lo bonita que era y además le fascinó su sencillez.
A partir del lunes él rompió la rutina de llegar siempre a la misma hora, pero lo hacía acompañado por ella. El encargado del edificio los vio entrar juntos y se dijo. “Tenía razón doña Gladis la del primero D, estos andan juntos. Diana, qué rápido te olvidaste de tu mamá”.
Se dieron copias de las llaves, para visitarse en cualquier momento.
El sábado por la mañana Víctor entró al departamento de Diana y fue visto por doña Gladis.
Cuando la vio con un camisón corto, él se excitó, pero se calmó. Le preguntó:
- ¿Necesitás algo del supermercado?
-Si, acá tenés anotado, vistes que te hice caso y aprendí.
Él escuchó un ruido y le dijo:
-Eso que es
-Debe haber sido la cortina que con el viento tiró algo al piso.
-Me parece extraño, pero…
Salió sin ser visto por nadie.
Diana se quedó ordenando, de pronto vio a un hombre que se le abalanzaba. Le pegó un cachetazo y le dijo:
-Dame las joyas y la plata que tenés, si no querés que me enoje más.
Ella fue al dormitorio seguida por el ladrón. Sacó de un cajón doscientos pesos.
-Tan poco tenés nena, me parece que me querés pasar, dame las joyas de tu vieja, de paso sacate el camisón
-No, eso no.
Mientras Diana buscaba en el placard él le tocó el culo y se exitó. Ella le entregaba la caja donde estaban las cosas de oro. La empujó tirándola en la cama. Se tiró enzima y ella se empezó a defender, le arrancó el camisón y Diana empezó a gritar, le tapó la boca con la almohada, intentó violarla, de pronto ella se quedó quieta. Aprovechó y se puso a revolver un poco más, le sacó un mp4, agarró todas las cosas y salió como entró.
Víctor regresó sin ser visto cuando entró al departamento de Diana la llamó tres veces, la buscó por la cocina se acercó al baño y tampoco la escuchó, eso le llamó la atención, cuando la vio sobre la cama desnuda y quieta con la cara tapada, le preguntó. “¡¿Te pasa algo?!” No tuvo respuesta, le quitó la almohada, eso lo asustó y decidió llamar a la ambulancia. Cuando el médico la vio le preguntó:
-¿Qué le pasó?
-No se yo salí y cuando volví estaba allí tirada, no tengo idea que le sucedió.
-Voy a tener que llamar a la policía.
-Si a usted le parece hágalo, allí tiene el teléfono.
Al rato vinieron, salieron varias veces, sacaron fotos y le tomaron declaraciones a Víctor, que siempre dijo lo mismo. Esa situación lo tuvo mal todo el fin de semana, le contó lo sucedido a su hermana, además le agregó. “Yo la quería, es la primera vez en mi vida que estuve enamorado”. Llegar al edificio y ver a un agente parado en la puerta no le causaba gracia.
El lunes, cuando regresó del trabajo vio un hombre y una mujer policías en la puerta de Diana, se le acercó el agente y le preguntó:
-¿Usted es Víctor Pérez?
-Si, que sucede.
Sacando las esposas le dijo:
-Está detenido.
-¿Por qué?
-Por homicidio de la señorita Diana Antonelli.
Estuvo preso dos años y medio, hasta que lo enjuiciaron y declararon inocente. Perdió su empleo, tuvo que vivir experiencias que nunca hubiera soñado pasar.
Javier Zampieri