Juan Manuel era un ciego de 50 años, ese sábado por la tardecita decidieron con su esposa comer una picada, escuchar música en el living. Aprovechaban que su hija había salido con el novio.
Él se puso a preparar los discos mientras Lucía, su mujer traía una cerveza y una gaseosa. Manuel la escuchó, fue a sentarse, destapó la cerveza,y se sirvió. Para él era siempre un inconveniente; se le complicaba con la espuma, mojó un poco la mesita ratona, se enojó consigo mismo por no ver, hizo lo mismo con la bebida de su mujer, sin inconvenientes.
Mientras la esperaba sintió un dolor en el pecho, pero no le dio importancia.
Lucía apoyó sobre la mesa la bandeja con la picada y trajo un repasador, secó, dándole un beso le dijo con una sonrisa:
- Vistes que yo sabía que te iba a pasar.
- Si, de ser ciego me tiene podrido, te juro que estoy cansado de todas las cosas que no puedo hacer por esta mierda. Me siento deprimido, de hablar con la gente, no poderles ver que aspecto ni que caras tienen, no saber como está el día, depender de vos para tantas cosas.
- No te amargues, pensá que por suerte me tenés, vos sos inteligente y sabés resolver muchas cosas, estemos juntos y en paz.
Se besaron, volvió a sentir molestias en el pecho, esta vez con un pequeño ahogo, nunca le había ocurrido tener tanta falta de aire.
Comió una rodaja de salamín con queso, comenzó a toser, tomó un trago, para que se le pase, pero esto no ocurrió, siguió tosiendo cada vez más fuerte y con ahogos intensos, se empalideció.
Lucía se asustó y le dijo:
- Llamo al médico de urgencia. .
- Si –le dijo él en un suspiro.
Lucía fue al teléfono y Manuel se acostó en el sillón, cada vez le costaba más respirar. Se le acercó su mujer y le dijo:
- Quedate lo más quieto que puedas, ya viene la ambulancia,.
- Justo en ese momento entró su hija que al ver a su madre parada en la puerta muy nerviosa, le preguntó:
- ¿Qué pasó.
- Papá se descompuso. Que suerte ahí llegaron. .
- Estacionaron en la vereda de enfrente y Lucía les gritó para que vinieran rápido.
- Manuel en ese momento casi no respiraba, dejó de escuchar, comenzó a verse tirado en el sillón, por primera vez descubrió sus canas, allí estaba su mujer, se conservaba bastante bien, le llamó la atención el color de su cabello, nunca se lo había visto así. Esa chica tan bonita era su hija, pensar que la imagen que él guardaba era de una niña de diez años.
- También vio a la doctora, que era rubia, con un ambo verde, la que le hacía los masajes y el ayudante que le ponía la manguerita conectada al tubo de oxígeno.
- Cuando comenzó a respirar volvió a oír y permanecer en tinieblas.
Javier Zampieri