Santiago Torres se encontraba en un bar de la calle Corrientes tomando un café acompañado por otro, este le dijo:
- Tu tiempo se terminó.
- Está bien, me siento feliz y a la vez triste, porque este es un lindo tiempo para vivir.
- Para nosotros fue suficiente, ya obtuvimos lo que deseábamos.
- Les agradezco todo lo que hicieron por mí, fue una experiencia interesante, gracias.
- Para nosotros nos resultaste un excelente contacto. Me despido de vos con mucho cariño.
Se levantó y se fue.
Santiago le pidió a la camarera una ginebra doble. A ella le llamó la atención que un muchacho de unos veinte años pidiera ginebra y a su vez este vestía ropa de muy buena calidad pero no acorde a su edad, además llevaba un bolso tan antiguo. Se dijo. “Que tipo raro”.
Torres se puso a recordar todo lo pasado, cuando tenía doce años vivía en el campo, su mamá le contó; que él había nacido en la época de las invasiones inglesas y a su papá lo habían matado, la patroncita le dio la posibilidad de trabajar en la estancia a cargo del personal que en ese entonces eran esclavos. Eso lo marcó para siempre. Cuando tenía veinte años estaba andando a caballo era de noche y de pronto vio lo que en esa época llamaban la luz mala, era blanca y muy intensa. Cuando estuvo a distancia prudencial se bajó del caballo y sintió que lo atraía.Le pareció que iba a chocar contra una pared metálica , pero misteriosamente se abrió a su paso, de pronto estuvo en un ambiente totalmente iluminado en ese momento pensó. “El tata Dios me llamó” sintió que se elevaba se arrodilló y se puso a rezar. Una mujer lo miraba era algo rara tenía el pelo amarillo y unos ojos luminosos, lo acarició y se quedó dormido. Fue puesto bajo una extraña máquina y allí estuvo dos días. Cuando se despertó la mujer le dijo:
- A partir de ahora tu vida va a cambiar. No vas a envejecer hasta que te avisemos que es tu fin, además vas a ser muy rico. Te recomendamos que no tengas ningún amigo muy íntimo ni una mujer permanente porque ellos van a envejecer y vos no. Por lo tanto te va a convenir no permanecer mucho tiempo en ningún lugar.
Ella le acercó una bolsa que él la abrió y vio muchas monedas de oro. Ella le dijo:
- Es para vos pero no tenés que contarle a nadie, además no te van a creer.
- Lo que estoy viviendo es maravilloso pero a la vez demasiado misterioso.
- Esas monedas usalas, sabemos que en tu lugar valen mucho pero para nosotros no significan nada.
Cuando le regaló a su mamá unas cuantas monedas de oro, ella quedó sorprendida y asustada por si su hijo las había robado esos tres días que no lo pudo encontrar.
La camarera le llevó la ginebra y al verlo pensó. “Me debe de haber parecido que este era joven, ya tiene algunas canas y cara de tener cuarenta y pico”.
Santiago siguió con sus recuerdos. Los primeros campos que compró en Pergamino, el viaje con su madre a Buenos Aires,el dinero que se le multiplicaba, se fue a vivir a Europa, nunca estaba más de cinco años en ninguna ciudad. Estuvo al lado de San Martín cuando murió, era un viejo algo mandón, pero como se estaba quedando ciego estaba más sumizo. Francia era un país que él amaba. Cuando inauguraron la torre Eiffel conoció a esa mujer que lo volvió loco, vivió con ella cinco años y le dejó una bodega de regalo.
A principios del siglo veinte estuvo en Estados Unidos donde aprendió a manejar sus empresas sin dar la cara, allí pudo hacer muchas inversiones. Regresó a su país cuando inauguraron el subte. Vivió en distintas provincias, pero extrañaba la vida de Europa, pero las dos guerras lo obligaron a permanecer en Argentina. Nunca viajó a Inglaterra por la muerte de su padre. Conoció a Perón, fue en España en la famosa Puerta de Hierro.
Siempre se vio necesitado de documentos de identidad falsos.
La camarera al pasar le llamó la atención lo que estaba viendo, Torres estaba absolutamente envejecido, ella se restregó los ojos, pero no lo podía explicar.
Santiago se puso a recordar no solo a la francesa con quien había vivido cinco años sino también a esa linda argentina del campo que lo había hecho tan feliz, sin embargo de Estados Unidos no recordaba a ninguna, por suerte con la chica que estaba ahora ya le había dado bastante dinero.
La camarera pasó y vio solamente el bolso, esperó un rato para ver si había ido al baño, pero no regresaba; pasaron dos horas y el bolso seguía allí. Llamó al encargado, le contó lo que ella había visto, este no le creyó mucho. Ella abrió el bolso, halló una cajita con papeles amarillos por la antigüedad y una billetera de cuero muy fina con dólares dentro, además había cuatro monedas de oro y una alianza muy vieja.
Javier Zampieri