Roberto era un alumno muy bueno, nunca dejaba de ir a la escuela sin cumplir con todo lo requerido. Sus amigos eran los mejores alumnos, pero como así actuaba con el estudio también trataba de ser el mejor en deportes.Su padre era albañil y se sentía orgulloso de su hijo, si bien este hombre era muy exigente, siempre Roberto le respondía.
Su madre era muy religiosa y todos los domingos iba a misa, su hijo la acompañaba con toda alegría. Roberto era monaguillo, durante su adolescencia el muchacho participó en la Acción Católica, hasta llegar a ser líder de grupo.
En 1969 finalizó la secundaria, su mamá deseaba que comenzara el seminario, pero él decidió ir al Colegio Militar, en ese momento dijo. “Yo quiero defender a mi patria y tener una familia numerosa.
En una fiesta de fin de año conoció a Nora, que era la hija de un coronel. Se pusieron de novios, él siempre la trataba con mucha dulzura, para Roberto era muy hermoso estar con ella, y sus padres se sentían felices de ver como crecía su hijo.
Cuando se recibió su futuro suegro le entregó el diploma muy emocionado, Roberto era el mejor alumno del colegio. Nora le dijo. “Esta es la primera vez que vi llorar a mi papá”.
Su primer destino fue San Miguel de Tucumán, donde comenzó la lucha contra la guerrilla, él iba a la selva y era muy eficaz, estaba muy bien considerado.
Al año siguiente se casaron en una iglesia con todas las galas, fueron a Bariloche de luna de miel. Vivieron en un departamentito que alquilaban. Si bien estaban felices Nora se quejaba mucho de que él la dejaba sola durante días enteros porque se iba a luchar.
Al año siguiente su suegro le consiguió el pase a Buenos Aires, con un crédito que sacaron más dinero que les prestó el padre de ella compraron una casita en Palomar. Estaba destinado en una unidad de Campo de Mayo. Él extrañaba su actividad, pero el embarazo de Nora lo calmó, estando en Buenos Aires pudo ir a las reuniones del Opus Dey y hacer cursillos de religión muchos fines de semana. Además ella tuvo un parto con algunas complicaciones. La niña nació bien pero Nora no iba a poder tener más familia, eso lo golpeó bastante, porque soñaba con tener muchos hijos, su mujer le dijo. “No te hagas tanto drama podemos adoptar”.
En 1977, Roberto pudo conseguir viajar a Panamá para recibir un curso que dictaban militares de Estados Unidos. A Eseiza lo fueron a despedir Nora, Alejandrita y sus padres. Antes de subir al avión se despidió de su mujer y de la bebita con lágrimas en los ojos, porque las iba a extrañar mucho.
Durante esos tres meses mandó muy pocas cartas diciendo que la actividad era mucha y que prácticamente no tenía tiempo libre, por suerte había encontrado a un pastor evangélico de quien se hizo amigo, ya que las charlas con él eran su única distracción; muchos de sus compañeros iban con putas, pero eso a él no le interesaba.
Cuando regresó su encuentro con Nora y Alejandrita fue cálido, pero no tanto. Nora le dijo:
- Mandaste sólo dos cartas en estos tres meses.
- Fue algo muy exigente, cuando tenía un rato libre soñaba con dormir, hubo tres compañeros que se vinieron antes.
- Contame un poco ¿qué era lo tan complicado?
- No te puedo contar nada es secreto.
A él lo nombraron en los grupos especiales, lo que le llamaba la atención a ella era que muchas noches tenía que salir a trabajar, lo venían a buscar a la casa; su padre en toda la carrera nunca tuvo que salir apurado.
La función de Roberto era obtener información, se estaba acostumbrando mucho a las escenas de violencia, tanto que disfrutaba el golpear o torturar, a tal punto que en algunas oportunidades tuvo eyaculaciones frente a mujeres desnudas picaneadas. Violó a dos, cosa que después se arrepintió, el amaba mucho a Nora.
Una noche en que estaba haciendo el amor con su mujer le quizo pegar un sopapo, pero ella se enojó. Esa situación lo puso mal, no disfrutaba con Nora como antes.
Lo mandaron a pelear a las Malvinas, eso le gustó mucho, su grupo actuó con eficacia y no permitió que le pasara nada a sus soldados. En todos los combates que participó cuidó a sus hombres, además se preocupó para que no les falte nada.
Estando de regreso Nora le dijo:
- Vas a tener que ir a ver a un psiquiatra, estás medio loco, no me hacés el amor hace mucho y le estás pegando a Alejandrita. Me da la impresión que tu paso por la guerra y todo lo que tuvistes que hacer antes te trastornó.
- Sí, me parece que voy a tener que hacer lo mismo que Alejandro, hay un médico en el hospital central que es muy bueno –Alejandro era un compañero que viajó con él a Panamá y que las dos esposas se habían hecho amigas.
- Si, ya escuché hablar de ese doctor, es el jefe de psiquiatría del Hospital Militar, andá te va a hacer bien.
Pidió un turno y fue a hacerse atender. Tuvo que esperar un rato, cuando entró estuvo una hora, al salir solicitó para ser atendido la semana próxima, fue a la farmacia a comprar un medicamento. El médico escribió en la ficha “Neurosis obsesiva, violencia”.
Al llegar a su casa le dijo a su mujer. “Tengo que tomar una pastilla que me va a dar algo de sueño después de almorzar o cuando llegue a casa, nunca tengo que manejar después de haberla tomado”.
Él extrañaba mucho la acción, pero con la medicación esstaba un poco más relajado.
Llegó esa mañana al hospital y la empleada le dijo:
- Va a tener que cambiar de médico.
- ¿Por qué?
- El doctor se murió hace tres diías. Le doy con un doctor que lo reemplaza, es quien era el segundo jefe.
Él se sentó y se enteró que su doctor se había suicidado, eso lo frustró, se puso mal, a Roberto no le gustaba no terminar todo lo que empezaba; se fue sin ser atendido.
Llegó para almorzar con su familia, con el diario en la mano le dijo a Nora:
- Llevá a Alejandrita al cine a ver esta película que le va a gustar.
- ¿Vos que vas a hacer?
- Me voy a poner a dormir, la pastilla me da sueño.
Roberto se acostó y se hizo el dormido. Al rato escuchó salir a su mujer e hija, se sentó en la computadora y escribió. “Queridas Nora y Alejandra, las quise mucho y siempre pensé en ustedes, como no qiero lastimarlas más tomé esta desición. Las amo”.
Primero pensó en pegarse un tiro, pero pensó en que Nora iba a tener que limpiar sus sesos, entonces cambió de opinión.
Se puso una malla para que su hijita no lo viera desnudo, llenó la bañera y recordó todas las veces que había aplicado la técnica del submarino, metió la cabeza en el agua, estuvo a punto de sacarla pero su obsesión de terminar todo lo dominó.
Javier Zampieri