Javinspiraciones

Estas son algunas historias que he escrito, las cuales espero sean de su agrado. Desde ya, gracias por visitar este blog, acepto comentarios, críticas u opiniones.

En el bar Octubre 16, 2008

Archivado en: cuentos — javinspiracion @ 7:00 pm
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Ignacio era gerente de recursos humanos de una petrolera en Comodoro Rivadavia, ese viernes estaba en Buenos Aires, durante tres días habían tenido una reunión con personal superior de todo el país. Cuando finalizó la cena organizada por la empresa, él no tenía ganas de encerrarse en el hotel y extrañar a los suyos, decidió caminar un rato por la ciudad que lo vio crecer. Estaba vestido muy elegante con un ambo azul, una camisa blanca y corbata que le hacía juego.

Pasó frente a un bar donde sonaba un piano, entró y fue hasta a la barra, se sentó en una banqueta alta, pidió un whisky, se puso a fumar un cigarrillo, si bien estaba cómodo, al tomar el primer sorbo, le agarró un ataque de melancolía, no estaba acostumbrado a estar sin compañía.

Vio que aquel hombre bastante mayor cerraba el piano, se ponía un abrigo y salía a la calle. Se quedó escuchando conversaciones perdidas, vio en una mesa pegada a la ventana a una chica sola y llorando, le extendió la tarjeta de crédito al barman, firmó, respiró profundo tres veces para tomar coraje y se levantó.

Se acercó a la mesa donde estaba ella, corrió la silla y tomó asiento, la mujer se sorprendió, acomodó sus cabellos con los dedos, se secó las lágrimas. Él al verla le dijo con suavidad:

-disculpá mi atrevimiento, pero como los dos estamos solos, me pareció una buena idea que tomemos un trago juntos y charlemos un rato –señaló la ventana –hasta que pare la lluvia.

-No es mi mejor día, acepto, pero solamente charlar y nada más, no espere otra cosa de mí.

Ignacio llamó al mozo y le dijo a ella:

-Pedí lo que quieras yo te invito, sin ninguna otra intención que hacernos compañía.

Cuando el mozo se acercó él le dijo:

-Para mí traígame un Caballito Blanco.

-Yo quiero un café vienés -dijo ella.

Ignacio la observó, era una chica de unos treinta y pico de años, estaba vestida sencilla, con una polera negra y un pantalón del mismo color. Se le notaba que no estaba de levante.

Él comenzó la charla:

-Me llamo Ignacio, vivo en Comodoro Rivadavia, estoy aquí por una reunión de trabajo, mañana si todo anda bien con los aviones,regreso a mi casa.

-Yo me llamo Magali, vivo a tres cuadras.

El mozo les trajo las bebidas.

Ignacio la observó un poco inquieta, le dijo:

-Quedate tranquila, no tengo ninguna intención de violarte. Vi que estabas llorando.

-Si, lo que ocurre es que hoy me peleé con mi pareja, resultó ser un vago, yo trabajo de secretaria y él no hacía nada, es músico, toca de vez en cuando en algún boliche y no me ayudaba en casa.

Ignacio jugó un momento con los cubitos de hielo y le dijo:

-Tengo muy presente a esos vagos, soy gerente de recursos humanos, tengo que manejar a cuatrocientas personas.

-No aguanté más y le dije las cosas como son –estaba empezando a llorar de nuevo.- No se que hacer, si quedarme sola o buscarlo y hablar.

-¡Pero vos lo querés!

-Si.

-Lo que te puedo aconsejar es que solucionen este mal momento y sigan juntos, pero con cama afuera.

-Es una buena alternativa, yo lo quiero porque es tan romántico y dulce, me hace bien. Muchas gracias.

-Me alegro que te haya sido útil, me hace bien poder ayudar a otras personas, todos los días trato de hacer algo bueno para los demás por eso tengo encontronazos con aquellos que no entienden esta filosofía de vida.

Ignacio le dio una tarjetita y le dijo:

-Allí tenés mi teléfono y mi dirección de correo electrónico, en unos días contame, que resolvistes.

-Parece que paró de llover.

-Si, me voy a mi departamento.

-Esperá, te acompaño.

Ignacio llamó al mozo. Ella estaba buscando el dinero en su cartera, él le dijo:

-No, dejá era yo quien te invitaba, total paga la empresa.

Sacó la tarjeta de crédito y se la dio al mozo.

Salimos a la calle y la acompañé hasta la puerta de su edificio. Me agradeció la compañía, se despidió dándome un piquito, entonces le dije:

-No te olvides de mí.

-Quedate tranquilo te voy a mandar un email.

La vi cuando entró, me fui caminando hasta el hotel, me puse a pensar en mi mujer y mis hijos, en lo valiente que fui.

Javier Zampieri

 

Diego en el espacio. Agosto 29, 2008

Archivado en: cuentos — javinspiracion @ 8:13 pm
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Diego era un chico de once años, pasaba mucho tiempo frente a la computadora, le gustaba entrar a los juegos donde la acción se desarrollaba en el espacio; disfrutaba averiguando cosas de astronomía.

  Recibió un email, no pudo saber quien se lo mandó, leyó. “En la mochila tenés una medallita mágica, mientras la tengas puesta se te van a cumplir tus deseos”.

  Sacó todas las cosas y en el fondo apareció una cadenita con una medalla enganchada, se la colgó.

  La mamá lo llamó para cenar, cuando bajó vio al papá mirando un programa que se trataba del planeta Marte. Cuando fue a saludar a su mamá, esta le dijo:

  -¿Qué tenés colgado en el cuello?

  -Es una medallita que no se de donde salió.

  Esa noche cenó milanesas con papas fritas. Se dijo “por lo visto es verdad ,trae suerte”.

  El programa terminó, cambiaron de canal, Diego saludó a sus padres y subió al dormitorio.  Jugó con la computadora un rato, ganó siempre. Se puso el pijama, la cadenita quedó colgando en su cuello.

  De pronto escuchó un ruido extraño y una vibración, como si fuera un terremoto, quiso abrir la puerta, no pudo. Descubrió que una birome flotaba en el aire, se sorprendió.

  En el espejo de su habitación vio que tenía puesta una escafandra de astronauta.  Intentó arrodillarse sobre la cama para mirar por la ventana,  él también flotaba, no había gravedad. Pudo asomarse, todo estaba oscuro afuera, se veían con claridad las estrellas, había silencio, todo estaba en calma, era maravilloso.

  Diego vio que la cadenita se le desprendió; flotaba afuera, no podía atraparla.

  Escuchó otro ruido y sintió vibraciones, cayó sobre la cama y se quedó dormido.

  Por la mañana su mamá lo fue a despertar para ir a la escuela y le dijo:

  -¡Qué te pasó! Te quedastes en la cama destapado y con la ventana abierta, estaba algo fresco. 

  -No se; me quedé dormido sin darme cuenta.

  -Vestite que te preparo el desayuno.

  Quedó solo, vio la birome en el piso y se preguntó. “¿Será verdad lo que me pasó anoche?”.

  Nunca más pudo encontrar la medallita.   

 

Javier Zampieri

 

Pareja Agosto 25, 2008

Archivado en: cuentos — javinspiracion @ 9:03 pm
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Esteban tocaba la guitarra y el teclado, lo hacía profesionalmente con una banda de rock, en confiterías y restaurantes donde interpretaba melodías, a su vez participaba en una orquesta de jazz. Estaba yendo al conservatorio para aumentar sus conocimientos.

Él tuvo que pelear mucho con su familia para lograr ser músico, todos pretendían que fuera un profesional universitario, eso lo transformó en un rebelde, pero adoraba lo que hacía.

Esteban tenía 28 años, hacía tres que vivía solo en un departamento que su padre le había regalado.

El muchacho respetaba la forma de vida que cada uno optaba para hacer, no se metía opinando sobre que cosas se deberían elegir. Eso lo aprendió por lo que peleó para llegar a músico; lo transformó en un ser muy querido en todos los lugares donde participaba.

Adriana era una abogada de 30 años, se enamoró de Esteban por lo diferente que era al mundo que ella pertenecía, y él de ella por verla humilde y honesta, a pesar de su profesión. Se conocieron una tarde que Esteban fue a ver a su padre al estudio donde trabajaban los dos, luego la invitó a ver la banda de rock donde él se destacaba, salieron algunas veces. Adriana le contó que estaba viviendo en un pensionado de mujeres, para estar más libre.

La historia de ella era muy diferente a la de Esteban, su papá era maestro panadero y su mamá trabajaba por horas, se vio obligada a emplearse de muy joven, además tenía que pelear con sus dos hermanos mayores que decían. “Todas las que estudian son putas”.

Un día decidieron estar juntos, Esteban la invitó a vivir en su departamento, la madre de él se puso feliz de ver que su hijo asentaba cabeza y además se sacaba las fantasías de celos que tenía con su marido y ella.

La noche en que festejaban los tres meses de convivencia Adriana le dijo:

- La verdad es que te quiero mucho, pero son pocas las noches que podemos estar como hoy, vos nunca estás y los fines de semana tengo que quedarme sola.

- Y a mí me pasa lo mismo de día.

- Necesito trabajar, los abogados tenemos que ir a tribunales, además debo ver a los clientes en el estudio y vos sabés bien que a tu viejo no le gusta laburar de noche.

- Yo soy músico, nosotros tocamos cuando los demás se divierten. Por un lado mejor así no nos estorbamos.

- Me doy cuenta de que te gusta la libertad, te lo agradezco mucho nunca en mi vida me sentí mejor en ese sentido. Cuando estaba en el pensionado de mujeres tenía más limitaciones que con vos, pero te extraño.

Esteban se sentó frente al teclado y comenzó a tocar “a mi manera” y le dijo:

- Esta es la forma de vida que yo elegí, para lograrlo tuve que pelear, igual que vos para llegar a ser abogada. Con el título de este tema me siento muy identificado, cada vez que lo toco me emociono, adoro vivir a mi manera sin coartarle la libertad a nadie.

Adriana se acercó y lo besó, le dijo. “ves por qué te adoro, sos un tipo divino.

Durante el fin de semana por la noche fue a visitarla una amiga a quien llamaban Tina, era abogada igual que ella.

El lunes era un día en que Esteban tenía libre, fue a buscar a Adriana al estudio, vio a su padre bastante enojado con ella. Salieron juntos a hacer unas compras de ropa.

Al llegar al departamento él le preguntó:

- ¿Qué le pasaba a mi viejo?

- Se puso mal porque le dije que iba a dejar de trabajar con él.

- ¿Dónde vas a ir?

- Me voy con Tina para defender los derechos de las mujeres.

- Esa es tu elección.

- Vivo un momento de grandes cambios, lo nuestro terminó, ¡estoy enamorada!

- Ya me lo veía venir, ¡te metistes con otro abogado!

- No es con uno, sino es con Tina.

- Está bien, lo único que te pido es que no me peles el depto, llevate únicamente lo tuyo –se lo dijo con toda tranquilidad y le preguntó:

- ¿Cuándo te vas a ir?

- En dos o tres días.

Esteban tomó el teléfono e hizo una llamada.

- ¡Hola Roberto!, en menos de una semana vamos a poder concretar nuestro sueño de vivir en pareja.

Javier Zampieri

 

Obsesivo Agosto 25, 2008

Archivado en: cuentos — javinspiracion @ 8:58 pm
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Roberto era un alumno muy bueno, nunca dejaba de ir a la escuela sin cumplir con todo lo requerido. Sus amigos eran los mejores alumnos, pero como así actuaba con el estudio también trataba de ser el mejor en deportes.Su padre era albañil y se sentía orgulloso de su hijo, si bien este hombre era muy exigente, siempre Roberto le respondía.

Su madre era muy religiosa y todos los domingos iba a misa, su hijo la acompañaba con toda alegría. Roberto era monaguillo, durante su adolescencia el muchacho participó en la Acción Católica, hasta llegar a ser líder de grupo.

En 1969 finalizó la secundaria, su mamá deseaba que comenzara el seminario, pero él decidió ir al Colegio Militar, en ese momento dijo. “Yo quiero defender a mi patria y tener una familia numerosa.

En una fiesta de fin de año conoció a Nora, que era la hija de un coronel. Se pusieron de novios, él siempre la trataba con mucha dulzura, para Roberto era muy hermoso estar con ella, y sus padres se sentían felices de ver como crecía su hijo.

Cuando se recibió su futuro suegro le entregó el diploma muy emocionado, Roberto era el mejor alumno del colegio. Nora le dijo. “Esta es la primera vez que vi llorar a mi papá”.

Su primer destino fue San Miguel de Tucumán, donde comenzó la lucha contra la guerrilla, él iba a la selva y era muy eficaz, estaba muy bien considerado.

Al año siguiente se casaron en una iglesia con todas las galas, fueron a Bariloche de luna de miel. Vivieron en un departamentito que alquilaban. Si bien estaban felices Nora se quejaba mucho de que él la dejaba sola durante días enteros porque se iba a luchar.

Al año siguiente su suegro le consiguió el pase a Buenos Aires, con un crédito que sacaron más dinero que les prestó el padre de ella compraron una casita en Palomar. Estaba destinado en una unidad de Campo de Mayo. Él extrañaba su actividad, pero el embarazo de Nora lo calmó, estando en Buenos Aires pudo ir a las reuniones del Opus Dey y hacer cursillos de religión muchos fines de semana. Además ella tuvo un parto con algunas complicaciones. La niña nació bien pero Nora no iba a poder tener más familia, eso lo golpeó bastante, porque soñaba con tener muchos hijos, su mujer le dijo. “No te hagas tanto drama podemos adoptar”.

En 1977, Roberto pudo conseguir viajar a Panamá para recibir un curso que dictaban militares de Estados Unidos. A Eseiza lo fueron a despedir Nora, Alejandrita y sus padres. Antes de subir al avión se despidió de su mujer y de la bebita con lágrimas en los ojos, porque las iba a extrañar mucho.

Durante esos tres meses mandó muy pocas cartas diciendo que la actividad era mucha y que prácticamente no tenía tiempo libre, por suerte había encontrado a un pastor evangélico de quien se hizo amigo, ya que las charlas con él eran su única distracción; muchos de sus compañeros iban con putas, pero eso a él no le interesaba.

Cuando regresó su encuentro con Nora y Alejandrita fue cálido, pero no tanto. Nora le dijo:

- Mandaste sólo dos cartas en estos tres meses.

- Fue algo muy exigente, cuando tenía un rato libre soñaba con dormir, hubo tres compañeros que se vinieron antes.

- Contame un poco ¿qué era lo tan complicado?

-  No te puedo contar nada es secreto.

A él lo nombraron en los grupos especiales, lo que le llamaba la atención a ella era que muchas noches tenía que salir a trabajar, lo venían a buscar a la casa; su padre en toda la carrera nunca tuvo que salir apurado.

La función de Roberto era obtener información, se estaba acostumbrando mucho a las escenas de violencia, tanto que disfrutaba el golpear o torturar, a tal punto que en algunas oportunidades tuvo eyaculaciones frente a mujeres desnudas picaneadas. Violó a dos, cosa que después se arrepintió, el amaba mucho a Nora.

Una noche en que estaba haciendo el amor con su mujer le quizo pegar un sopapo, pero ella se enojó. Esa situación lo puso mal, no disfrutaba con Nora como antes.

Lo mandaron a pelear a las Malvinas, eso le gustó mucho, su grupo actuó con eficacia y no permitió que le pasara nada a sus soldados. En todos los combates que participó cuidó a sus hombres, además se preocupó para que no les falte nada.

Estando de regreso Nora le dijo:

- Vas a tener que ir a ver a un psiquiatra, estás medio loco, no me hacés el amor hace mucho y le estás pegando a Alejandrita. Me da la impresión que tu paso por la guerra y todo lo que tuvistes que hacer antes te trastornó.

- Sí, me parece que voy a tener que hacer lo mismo que Alejandro, hay un médico en el hospital central que es muy bueno –Alejandro era un compañero que viajó con él a Panamá y que las dos esposas se habían hecho amigas.

- Si, ya escuché hablar de ese doctor, es el jefe de psiquiatría del Hospital Militar, andá te va a hacer bien.

Pidió un turno y fue a hacerse atender. Tuvo que esperar un rato, cuando entró estuvo una hora, al salir solicitó para ser atendido la semana próxima, fue a la farmacia a comprar un medicamento. El médico escribió en la ficha “Neurosis obsesiva, violencia”.

Al llegar a su casa le dijo a su mujer. “Tengo que tomar una pastilla que me va a dar algo de sueño después de almorzar o cuando llegue a casa, nunca tengo que manejar después de haberla tomado”.

Él extrañaba mucho la acción, pero con la medicación esstaba un poco más relajado.

Llegó esa mañana al hospital y la empleada le dijo:

- Va a tener que cambiar de médico.

- ¿Por qué?

- El doctor se murió hace tres diías. Le doy con un doctor que lo reemplaza, es quien era el segundo jefe.

Él se sentó y se enteró que su doctor se había suicidado, eso lo frustró, se puso mal, a Roberto no le gustaba no terminar todo lo que empezaba; se fue sin ser atendido.

Llegó para almorzar con su familia, con el diario en la mano le dijo a Nora:

- Llevá a Alejandrita al cine a ver esta película que le va a gustar.

- ¿Vos que vas a hacer?

- Me voy a poner a dormir, la pastilla me da sueño.

Roberto se acostó y se hizo el dormido. Al rato escuchó salir a su mujer e hija, se sentó en la computadora y escribió. “Queridas Nora y Alejandra, las quise mucho y siempre pensé en ustedes, como no qiero lastimarlas más tomé esta desición. Las amo”.

Primero pensó en pegarse un tiro, pero pensó en que Nora iba a tener que limpiar sus sesos, entonces cambió de opinión.

Se puso una malla para que su hijita no lo viera desnudo, llenó la bañera y recordó todas las veces que había aplicado la técnica del submarino, metió la cabeza en el agua, estuvo a punto de sacarla pero su obsesión de terminar todo lo dominó.

Javier Zampieri

 

Luz mala Agosto 25, 2008

Archivado en: cuentos — javinspiracion @ 8:53 pm
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Santiago Torres se encontraba en un bar de la calle Corrientes tomando un café acompañado por otro, este le dijo:

- Tu tiempo se terminó.

- Está bien, me siento feliz y a la vez triste, porque este es un lindo tiempo para vivir.

- Para nosotros fue suficiente, ya obtuvimos lo que deseábamos.

- Les agradezco todo lo que hicieron por mí, fue una experiencia interesante, gracias.

- Para nosotros nos resultaste un excelente contacto. Me despido de vos con mucho cariño.

Se levantó y se fue.

Santiago le pidió a la camarera una ginebra doble. A ella le llamó la atención que un muchacho de unos veinte años pidiera ginebra y a su vez este vestía ropa de muy buena calidad pero no acorde a su edad, además llevaba un bolso tan antiguo. Se dijo. “Que tipo raro”.

Torres se puso a recordar todo lo pasado, cuando tenía doce años vivía en el campo, su mamá le contó; que él había nacido en la época de las invasiones inglesas y a su papá lo habían matado, la patroncita le dio la posibilidad de trabajar en la estancia a cargo del personal que en ese entonces eran esclavos. Eso lo marcó para siempre. Cuando tenía veinte años estaba andando a caballo era de noche y de pronto vio lo que en esa época llamaban la luz mala, era blanca y muy intensa. Cuando estuvo a distancia prudencial se bajó del caballo y sintió que lo atraía.Le pareció que iba a chocar contra una pared metálica , pero misteriosamente se abrió a su paso, de pronto estuvo en un ambiente totalmente iluminado en ese momento pensó. “El tata Dios me llamó” sintió que se elevaba se arrodilló y se puso a rezar. Una mujer lo miraba era algo rara tenía el pelo amarillo y unos ojos luminosos, lo acarició y se quedó dormido. Fue puesto bajo una extraña máquina y allí estuvo dos días. Cuando se despertó la mujer le dijo:

- A partir de ahora tu vida va a cambiar. No vas a envejecer hasta que te avisemos que es tu fin, además vas a ser muy rico. Te recomendamos que no tengas ningún amigo muy íntimo ni una mujer permanente porque ellos van a envejecer y vos no. Por lo tanto te va a convenir no permanecer mucho tiempo en ningún lugar.

Ella le acercó una bolsa que él la abrió y vio muchas monedas de oro. Ella le dijo:

- Es para vos pero no tenés que contarle a nadie, además no te van a creer.

- Lo que estoy viviendo es maravilloso pero a la vez demasiado misterioso.

- Esas monedas usalas, sabemos que en tu lugar valen mucho pero para nosotros no significan nada.

Cuando le regaló a su mamá unas cuantas monedas de oro, ella quedó sorprendida y asustada por si su hijo las había robado esos tres días que no lo pudo encontrar.

La camarera le llevó la ginebra y al verlo pensó. “Me debe de haber parecido que este era joven, ya tiene algunas canas y cara de tener cuarenta y pico”.

Santiago siguió con sus recuerdos. Los primeros campos que compró en Pergamino, el viaje con su madre a Buenos Aires,el dinero que se le multiplicaba, se fue a vivir a Europa, nunca estaba más de cinco años en ninguna ciudad. Estuvo al lado de San Martín cuando murió, era un viejo algo mandón, pero como se estaba quedando ciego estaba más sumizo. Francia era un país que él amaba. Cuando inauguraron la torre Eiffel conoció a esa mujer que lo volvió loco, vivió con ella cinco años y le dejó una bodega de regalo.

A principios del siglo veinte estuvo en Estados Unidos donde aprendió a manejar sus empresas sin dar la cara, allí pudo hacer muchas inversiones. Regresó a su país cuando inauguraron el subte. Vivió en distintas provincias, pero extrañaba la vida de Europa, pero las dos guerras lo obligaron a permanecer en Argentina. Nunca viajó a Inglaterra por la muerte de su padre. Conoció a Perón, fue en España en la famosa Puerta de Hierro.

Siempre se vio necesitado de documentos de identidad falsos.

La camarera al pasar le llamó la atención lo que estaba viendo, Torres estaba absolutamente envejecido, ella se restregó los ojos, pero no lo podía explicar.

Santiago se puso a recordar no solo a la francesa con quien había vivido cinco años sino también a esa linda argentina del campo que lo había hecho tan feliz, sin embargo de Estados Unidos no recordaba a ninguna, por suerte con la chica que estaba ahora ya le había dado bastante dinero.

La camarera pasó y vio solamente el bolso, esperó un rato para ver si había ido al baño, pero no regresaba; pasaron dos horas y el bolso seguía allí. Llamó al encargado, le contó lo que ella había visto, este no le creyó mucho. Ella abrió el bolso, halló una cajita con papeles amarillos por la antigüedad y una billetera de cuero muy fina con dólares dentro, además había cuatro monedas de oro y una alianza muy vieja.

Javier Zampieri

 

Juan Manuel Agosto 25, 2008

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Juan Manuel era un ciego de 50 años, ese sábado por la tardecita decidieron con su esposa comer una picada, escuchar música en el living. Aprovechaban que su hija había salido con el novio.

Él se puso a preparar los discos mientras Lucía, su mujer traía una cerveza y una gaseosa. Manuel la escuchó, fue a sentarse, destapó la cerveza,y se sirvió. Para él era siempre un inconveniente; se le complicaba con la espuma, mojó un poco la mesita ratona, se enojó consigo mismo por no ver, hizo lo mismo con la bebida de su mujer, sin inconvenientes.

Mientras la esperaba sintió un dolor en el pecho, pero no le dio importancia.

Lucía apoyó sobre la mesa la bandeja con la picada y trajo un repasador, secó, dándole un beso le dijo con una sonrisa:

- Vistes que yo sabía que te iba a pasar.

- Si, de ser ciego me tiene podrido, te juro que estoy cansado de todas las cosas que no puedo hacer por esta mierda. Me siento deprimido, de hablar con la gente, no poderles ver que aspecto ni que caras tienen, no saber como está el día, depender de vos para tantas cosas.

- No te amargues, pensá que por suerte me tenés, vos sos inteligente y sabés resolver muchas cosas, estemos juntos y en paz.

Se besaron, volvió a sentir molestias en el pecho, esta vez con un pequeño ahogo, nunca le había ocurrido tener tanta falta de aire.

Comió una rodaja de salamín con queso, comenzó a toser, tomó un trago, para que se le pase, pero esto no ocurrió, siguió tosiendo cada vez más fuerte y con ahogos intensos, se empalideció.

Lucía se asustó y le dijo:

- Llamo al médico de urgencia. .

- Si –le dijo él en un suspiro.

Lucía fue al teléfono y Manuel se acostó en el sillón, cada vez le costaba más respirar. Se le acercó su mujer y le dijo:

- Quedate lo más quieto que puedas, ya viene la ambulancia,.

- Justo en ese momento entró su hija que al ver a su madre parada en la puerta muy nerviosa, le preguntó:

- ¿Qué pasó.

- Papá se descompuso. Que suerte ahí llegaron. .

- Estacionaron en la vereda de enfrente y Lucía les gritó para que vinieran rápido.

- Manuel en ese momento casi no respiraba, dejó de escuchar, comenzó a verse tirado en el sillón, por primera vez descubrió sus canas, allí estaba su mujer, se conservaba bastante bien, le llamó la atención el color de su cabello, nunca se lo había visto así. Esa chica tan bonita era su hija, pensar que la imagen que él guardaba era de una niña de diez años.

- También vio a la doctora, que era rubia, con un ambo verde, la que le hacía los masajes y el ayudante que le ponía la manguerita conectada al tubo de oxígeno.

- Cuando comenzó a respirar volvió a oír y permanecer en tinieblas.

Javier Zampieri

 

Historia verdadera Agosto 25, 2008

Archivado en: cuentos — javinspiracion @ 8:31 pm
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Alejandra y Gabriel estaban de novios hacía más de un año.

Ella chateaba con un muchacho de córdoba, a quien sólo conocía por Internet.

Gabriel estudió para técnico en programación, trabajaba todo el día con computadoras, le espiaba los correos electrónicos a ella; descubrió esa relación y se puso muy nervioso. Eso hizo que Alejandra cambiara su contraseña, para evitar discusiones.

Matías el cordobés, le dijo a ella que iba a venir a Buenos Aires de paseo, ella quedó en recibirlo en la Terminal de Retiro. Así cumplió Alejandra, eso lo emocionó, de tal forma que cuando llegó a Córdoba le mandó un e-mail agradeciéndole su amabilidad. Alejandra le contestó, que para ella era algo muy bonito haber encontrado un muchacho tan educado y fino.

Para Gabriel no era obstáculo entrar al correo de ella porque podía hacerlo sin saber la contraseña, sus celos lo dominaban y le hizo un escándalo terrible, tuvieron una gran pelea, Alejandra lloró mucho, dejaron de ser novios.

Al poco tiempo Matías vino a vivir a Buenos Aires, eso la puso contenta, ya que ahora lo iba a poder ver libremente. Se encontraron una vez, pero no pasó nada.

Unos días después Matías la invitó a tomar un café, le presentó a un muchacho que lo acompañaba como su novio. Alejandra dice. ”Esta historia es para Gabriel que la mira por televisión”.

Javier Zampieri

 

Evelina y el amor Agosto 25, 2008

Archivado en: cuentos — javinspiracion @ 8:25 pm
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Evelin Kussberg era una linda rubia, con muy bonitas piernas y un físico atractivo. Cantaba de miércoles a domingos en un cabaret de lujo donde concurrían muchos turistas extranjeros.

A los treinta años, no tenía problemas de dinero, era propietaria de un departamentito y se movía en taxi. Si bien muchas mañanas se había despertado en compañía de distintos hombres no encontraba el amor de su vida, todos ellos lo único que deseaban era sexo, en ese aspecto ella se sentía muy deprimida. Sus padres, su hermano, lo mismo sus tres amigas y dos grandes amigos la querían mucho, estaban preocupados por su bienestar psicológico.

Ella no veía el momento de poder dejar de trabajar en ese lugar e ir a cantar para otro tipo de público, allí ganaba muy bien y además las propinas eran en dólares, se sentía cansada de acostarse sin amor. Tenía dos grandes sueños, actuar en un teatro o la televisión, pero el que más la afligía era no encontrar un hombre al que le interesara ella como persona y no sólo de objeto sexual.

Esa noche cantó mejor que nunca.

Fue hasta la barra, el barman le preparó un trago largo solamente con jugos de fruta , porque nunca tomaba alcohol, eso se lo dejaba para los clientes que se le acercaban, quería siempre estar lúcida.

Un hombre de unos cuarenta y pico de años le pidió permiso para sentarse a su lado, ella lo observó y le dijo:

- Sí, me encantan los que son bien educados –no estaba acostumbrada a encontrarse con hombres sobrios a esa hora.

Él le pidió al barman un whisky doble importado, la contemplaba fijamente a los ojos como queriendo descubrir sus más íntimos secretos. La mirada de ese hombre tenía un brillo especial. Ella comenzó a parpadear rápidamente mostrándole inquietud.

El hombre le dijo:

- Cuanta tristeza hay en tu interior. –le tomó la mano con suavidad y Evelin sintió algo que nunca había vivido.

- Me llamo Joaquín y estoy solo, igual que vos.

“¡Cómo supo este hombre de mi soledad!” Se preguntó ella.

Él comenzó a beber y ella terminó su jugo. Joaquín le dijo:

- Dejame ver tus bonitos ojos, ellos me cuentan tu historia.

- Que peligro –dijo Eevelin sonriendo.

- No veo por qué, si yo todo lo que quiero es que estés bien y no te sientas tan sola – le tomó nuevamente las manos, ella sintió ganas de gritar de alegría, se contuvo y le dijo:

- Esperá que me agarro la campera y vamos a mi departamento, tengo la impresión de que sos un tipo muy especial y es mejor que hablemos sin tanto bochinche.

- Seguro, vos también tenés mucho para dar.

Ella mientras sacaba su campera del cofre pensó. “Esta noche no voy a ganar dinero pero creo que voy a hacer el amor realmente”.

El barman le dijo a Joaquín:

- Espérela a fuera porque está prohibido a las chicas salir acompañadas.

Pagó las bebidas y le dio una propina.

La llevó a su auto que era nuevo. Una vez dentro se besaron con ternura y suavidad.

No tuvo que decirle para donde ir, sabía su dirección, eso la sorprendió.

Cuando llegaron él le pidió que se saque el maquillaje que quería ver su verdadero color de piel.

- Entonces me voy a poner cómoda – se sacó la ropa, se vistió solo con una bata, salió con la cara limpia. Puso una botella de champagne en el freezer.

Él al verla se acercó y la comenzó a besar, a ella le temblaba el corazón, estaba pasando un momento maravilloso. Se quedaron con las manos entrecruzadas un largo rato.

- Quitate la ropa -le dijo él.

- ¡Y vos no te la vas a sacar!

- No hace falta, aquí quien tiene que mostrarse íntegramente sos vos.

Evelina estaba fascinada ,ese era el tipo de hombre que había estado buscando, de pronto él le dijo:

- Hablame un poco de tus frustraciones que tan mal te tienen y del revólver que tenés guardado en tu mesita de luz.

- No entiendo ¿cómo sabés del arma?, ¿me estuviste espiando?

- No lo necesito.

- Ayer lo saqué porque estuve a punto de matarme.

- Es por eso que estoy con vos en este momento.

Ella fue a buscar la botella y trajo dos copas. Al regresar no encontró a nadie y las llaves estaban puestas como las había dejado, lo buscó y no estaba. Ella se dijo. “esto debe de haber sido una fantasía”.

Evelina se había suicidado el día anterior.

Javier Zampieri

 

Bien intencionado Agosto 25, 2008

Archivado en: cuentos — javinspiracion @ 8:16 pm
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Víctor se había ido a vivir solo hacía tres meses a un departamentito de dos ambientes, que lo tenía impecable.

Estaba empleado en el ministerio de Acción Social desde que terminó la escuela secundaria. Salía todos los días a las nueve y regresaba a las dieciocho.

En el trabajo era muy bien visto por los superiores, pero no tanto por sus compañeros. Lo habían ascendido a jefe de sección y era muy exigente con sus empleados, no se le escapaba ningún detalle.

Era un cristiano fanático, a tal punto que tenía pocas experiencias sexuales. Si bien tenía buen humor, resultaba difícil relacionarse con él.

En el edificio donde vivía no hablaba con nadie.

Los sábados por la mañana los dedicaba a hacer mandados y por la tarde ordenaba su lugar. En uno de esos momentos, la vecina le tocó timbre, sorprendido por la sorpresa, la hizo pasar. Ella le dijo:

-Hola soy tu vecina.

-Si, ya te tengo vista, alguna tarde entramos juntos.

-Disculpame, tendrás para prestarme un poco de detergente que tengo que lavar platos y cubiertos, la verdad me olvidé de comprar.

Víctor fue hasta la cocina y se lo trajo, ella agregó:

-Lo que ocurre es que de estas cosas se ocupaba mi mamá, pero ella murió hace unos días, bueno mejor dicho un mes.

-Lo siento mucho, me parece haberla visto cuando yo recién me mudé.

-Me quedé sola y me siento perdida.

-Entonces somos dos almas solitarias.

Ella asintió con la cabeza y se le cayeron dos lágrimas. Él al verla así le dijo:

-Nos podemos hacer compañía en los momentos libres.

-Posiblemente sí. En un rato te devuelvo la botellita.

Víctor se quedó pensando en ella, después de dudar se decidió y fue al departamento de al lado, tocó timbre, la mujer lo hizo pasar.

A la vecina del último departamento del piso, quien era bastante chusma le llamó la atención esa situación.

Víctor vio que el lugar estaba desordenado, ella le dijo:

-Que te parece si nos presentamos, me llamo Diana, vivo sola , todavía no me acostumbro a hacer las compras y mantener esto en condiciones, durante la semana no tengo tiempo, trabajo bastante.

Yo me llamo Víctor, me gusta la tranquilidad, a lo de mis viejos fueron a vivir mi hermana con sus dos hijos, la casa se transformó en un despelote , no lo aguanté, es por eso que estoy aquí.

-Yo soy soltera o mejor dicho solterona.

-No me parecés tan grande para definirte así.

-Te voy a decir la verdad cumplí hace dos días los cuarenta y todavía sigo sola.

-Andamos cerca porque tengo 38 y soy soltero.

-Esta casualidad hay que festejarla.

-Si no tenés otro compromiso esta noche te invito a cenar, porque se cocinar muy bien, te puedo hacer un pollo riquísimo, cosa que no hago hace bastante tiempo porque para mí solo es demasiado.

-Que suerte, porque yo no se nada de eso.

-Entonces voy a hacer unas compras y esta noche a las nueve te espero.

-Me va a hacer bien no estar sola.

Pasadas las nueve ella fue hasta la puerta de Víctor, muy bien arreglada. Justo pasó la vecina del fondo y la saludó con una sonrisa, pensó Diana. “Mañana todo el edificio está enterado”.

Diana regresó a su departamento feliz de haber conocido a Víctor, un tipo fuera de lo común, muy educado, limpio y dulce. Él se quedó enamorado de ella, lo bonita que era y además le fascinó su sencillez.

A partir del lunes él rompió la rutina de llegar siempre a la misma hora, pero lo hacía acompañado por ella. El encargado del edificio los vio entrar juntos y se dijo. “Tenía razón doña Gladis la del primero D, estos andan juntos. Diana, qué rápido te olvidaste de tu mamá”.

Se dieron copias de las llaves, para visitarse en cualquier momento.

El sábado por la mañana Víctor entró al departamento de Diana y fue visto por doña Gladis.

Cuando la vio con un camisón corto, él se excitó, pero se calmó. Le preguntó:

- ¿Necesitás algo del supermercado?

-Si, acá tenés anotado, vistes que te hice caso y aprendí.

Él escuchó un ruido y le dijo:

-Eso que es

-Debe haber sido la cortina que con el viento tiró algo al piso.

-Me parece extraño, pero…

Salió sin ser visto por nadie.
Diana se quedó ordenando, de pronto vio a un hombre que se le abalanzaba. Le pegó un cachetazo y le dijo:

-Dame las joyas y la plata que tenés, si no querés que me enoje más.

Ella fue al dormitorio seguida por el ladrón. Sacó de un cajón doscientos pesos.

-Tan poco tenés nena, me parece que me querés pasar, dame las joyas de tu vieja, de paso sacate el camisón

-No, eso no.

Mientras Diana buscaba en el placard él le tocó el culo y se exitó. Ella le entregaba la caja donde estaban las cosas de oro. La empujó tirándola en la cama. Se tiró enzima y ella se empezó a defender, le arrancó el camisón y Diana empezó a gritar, le tapó la boca con la almohada, intentó violarla, de pronto ella se quedó quieta. Aprovechó y se puso a revolver un poco más, le sacó un mp4, agarró todas las cosas y salió como entró.

Víctor regresó sin ser visto cuando entró al departamento de Diana la llamó tres veces, la buscó por la cocina se acercó al baño y tampoco la escuchó, eso le llamó la atención, cuando la vio sobre la cama desnuda y quieta con la cara tapada, le preguntó. “¡¿Te pasa algo?!” No tuvo respuesta, le quitó la almohada, eso lo asustó y decidió llamar a la ambulancia. Cuando el médico la vio le preguntó:

-¿Qué le pasó?

-No se yo salí y cuando volví estaba allí tirada, no tengo idea que le sucedió.

-Voy a tener que llamar a la policía.

-Si a usted le parece hágalo, allí tiene el teléfono.

Al rato vinieron, salieron varias veces, sacaron fotos y le tomaron declaraciones a Víctor, que siempre dijo lo mismo. Esa situación lo tuvo mal todo el fin de semana, le contó lo sucedido a su hermana, además le agregó. “Yo la quería, es la primera vez en mi vida que estuve enamorado”. Llegar al edificio y ver a un agente parado en la puerta no le causaba gracia.

El lunes, cuando regresó del trabajo vio un hombre y una mujer policías en la puerta de Diana, se le acercó el agente y le preguntó:

-¿Usted es Víctor Pérez?

-Si, que sucede.

Sacando las esposas le dijo:

-Está detenido.

-¿Por qué?

-Por homicidio de la señorita Diana Antonelli.

Estuvo preso dos años y medio, hasta que lo enjuiciaron y declararon inocente. Perdió su empleo, tuvo que vivir experiencias que nunca hubiera soñado pasar.

Javier Zampieri

 

Asado entre amigos Agosto 25, 2008

Archivado en: cuentos — javinspiracion @ 8:06 pm
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Mis padres decidieron hacer un asado como en los viejos tiempos, invitando a un grupo de amigos con quienes nos seguíamos viendo desde la secundaria. Claro que iba a ser diferente ya que casi todos estábamos casados con hijos, pero la casa era grande, mi viejo se veía feliz; íbamos a estar juntos, de nuevo alrededor de su mesa como cuando éramos jóvenes.

Después que combinamos con unos y otros, por fin llegó el día.

Con Sandra mi mujer y Hernancito que solo tenía diez años pasamos la noche para ayudar desde la mañana. Mi papá estaba contento de organizar una reunión grande en su casa. Mi mamá se preocupaba para que no falte nada, la vieja se sentía contenta porque mi mujer la iba a ayudar, siempre se llevaron bien.

Temprano llegó Eduardo, como en todos los asados trajo una damajuana de vino mendocino, solamente yo sabía de dónde la sacaba, porque llevábamos una muy buena amistad, él era uno de los solteros junto con Rubén, quien llegó bastante tarde.

En horario llegaron Angel y Virginia con sus dos hijos,, el más grande tenía la edad del mío y la otra era una bebé de nueve meses.

Yo al verla a ella pensé. “¡Qué linda está, con esas tetas hermosas!”. Me miró con picardía.

Luego llegaron mi hermano con su mujer y sus tres hijos, Fernando el más grande le pidió las llaves del auto y partió. También vinieron Miguel con Adriana acompañados por su hija de trece años, fue la que más se aburrió.

Nos sentamos todos mezclados en la mesa, yo me esforcé por ubicarme junto a Virginia y observé a mi mujer sentada al lado de Eduardo; no me sorprendió dada la confianza que existe entre nosotros. Mi mamá se apoderó de la bebé y le jugó todo el tiempo.

El asado salió muy bueno, nos divertimos muchísimo, tomamos bastante vino, además de la damajuana le vaciamos tres botellas a mi viejo. Fue un mediodía de bastante calor, estábamos todos conversando muy animadamente.

Puse la mano debajo de la mesa, encontré la de ella, nos miramos brevemente, le hice cosquillas con mi dedo mayor en su palma y sonrió.

Virginia se desabrochó un botón de la blusa. Yo utilizaba toda mi estrategia de buen humor, que la seducía, empecé a llevarla a mi dormitorio de soltero.

Entramos excitados y tocándonos, corriendo el riesgo, porque nos gustábamos. Nos sorprendió al encontrarnos a Sandra abrazada a Eduardo.

Ninguno de los cuatro pudo decir nada.

Javier Zampieri